La vida social del Hotel El Prado giraba en torno a un ritual compartido: vestimenta de gala, orquestas en vivo y veladas que se extendían hasta la madrugada. Los periódicos locales de la época dedicaban secciones completas a narrar los eventos de temporada del hotel, en particular durante el Carnaval y las celebraciones de fin de año.
El salón de casino formaba parte de ese circuito social, aunque su acceso era más restringido que el del salón de baile o la terraza. Las crónicas de sociedad de la época lo describen como un espacio de encuentro entre visitantes de negocios, viajeros internacionales y la élite local vinculada al auge portuario y aéreo de Barranquilla.