El Hotel El Prado abrió sus puertas en 1930 como parte de un ambicioso proyecto de modernización turística de Barranquilla, entonces uno de los principales puertos y centros de aviación comercial de Colombia. El edificio, de estilo neocolonial con influencias andaluzas y caribeñas, se concibió como un destino de referencia para viajeros nacionales y extranjeros.
Dentro de su programa de entretenimiento nocturno, el hotel incorporó un salón de casino que funcionó durante más de dos décadas. El salón era frecuentado por visitantes vinculados al auge portuario y aéreo de la ciudad, y se convirtió en un punto de encuentro habitual de la vida social barranquillera, documentado en crónicas de prensa de la época.
Durante los años 40, el salón alcanzó su mayor actividad, coincidiendo con el auge del transporte aéreo regional y el fortalecimiento de Barranquilla como destino de negocios y turismo. Hacia 1946 comenzaron a registrarse las primeras restricciones administrativas sobre su horario de funcionamiento, un proceso que culminó con el cierre definitivo del salón en 1953, en el marco de cambios en la política nacional de entretenimiento nocturno.
El hotel, sin embargo, continuó funcionando como alojamiento y centro de eventos mucho después del cierre del salón, un capítulo que se aborda en la sección Legado.